lunes, 26 de marzo de 2018

JUEGOS Y DEPORTE CONTRA LA CORRUPCIÓN



Puedo escribir en las siguientes líneas sobre nuestra selección nacional de fútbol, que por estos días tiene sus partidos de preparación con miras al Mundial de Rusia. Puedo redactar sobre  los jugadores que deberían quedarse en el representativo patrio, del sistema de juego que está empleando Gareca, pero creo que muchos ya lo están y lo seguirán haciendo.
Soy terco. Soy soñador. Es más, creo que me gusta nadar contra la corriente. No me gusta dejarme atrapar por entusiasmos válidos y dejarme llevar por el fervor, la algarabía de triunfos deportivos buenos desde cualquier punto de vista.
Voy a aprovechar estas líneas para escribir de un mal de la sociedad. Una enfermedad que me parece, y lo digo con pena, está impregnado en el ADN de nuestras sociedad, la corrupción. A raíz de los hechos lamentables que han y seguirán pasando en torno al caso de Odebrecht y del expresidente Kuczynski mucho se han hablado sobre la corrupción.
El término corrupción dentro de un enfoque social y legal se encuentra definida como la acción humana que transgrede las normas legales y los principios éticos. La corrupción puede darse en cualquier contexto.
De niño he jugado un sin fin de juegos. Junto a mis amigas y amigos del barrio invadíamos la calle que era nuestro parque, nuestro patio y acordábamos qué jugar. A la pesca pesca (principio del atletismo), a la bata (principio del béisbol), etc. Y cada juego tenía sus reglas, que todos las respetábamos. Y claro, siempre había algún “vivo” que las transgredía. Pero para esto estaba el mismo reglamento del juego, no escrito en un papel, pero sí aprendido de memoria por todos nosotros. Ese reglamento imponía el correctivo necesario y la sanción ejemplar.
Lo mismo pasó cuando comencé a participar en la práctica de algunos deportes. En mi infancia no había las academias de diferentes deportes que existen hoy en día, uno aprendía a jugar algún deporte viendo practicar a los grandes. Y así fue. Si ese deporte te apasionaba, había que buscar algún club  donde practicarlo y sobre todo competirlo. Los técnicos generalmente eran un señor cualquiera,  papá de algún niño integrante del club, un entusiasta profesor de educación física. Pero todos ellos (en su mayoría) enseñaban a jugar, a ganar, respetando las reglas del juego. Y yo crecí respetando esas reglas, esas normas.
Yo lo tengo bien claro, uno de los grandes problemas de nuestro Perú es la corrupción, la falta de valores. Y esto no va cambiar con la llegada de tal o cual presidente de la República.
En días pasado apareció un álbum sobre el Mundial de Rusia que tenía que ser regalado por la compra de un diario de circulación nacional; y los canillitas hicieron caso omiso y, muy por el contrario, lo vendieron aparte y sobrevalorado. Pues eso también es un acto de corrupción. Y este caso siempre va a existir porque hay quienes compran un determinado producto bajo esas condiciones de acaparación, especulación.
Estoy convencido que el deporte moviliza emociones y sentimientos, pero sobre todo puede influir en las actitudes y comportamientos de las personas. A través de los valores que transmite: esfuerzo, superación, perseverancia, igualdad, respeto, honestidad, compañerismo, etc. Es hora de ver al deporte como una herramienta parea combatir la corrupción, una guerra que no va a acabar de un día para otro, sino con muchas batallas a largo plazo.

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Soy periodista y me gusta serlo y pienso que: En esta vida hay de todo, periodistas que dicen que no se casan con nadie, pero que se acuestan con cualquiera, lastima que sea impotente.